Al final, bajo el palio silencioso de 'Don Tancredo Rajoy', repiten como loritos: "Nada nuevo", "no hay nada nuevo, no hay nuevas decisiones porque nada nuevo hay", y así hasta la náusea. El más listo parece tonto, el tonto, tonto y medio; y el único despabilado Bárcenas, que nunca dejó de ser tesorero y que, además, sigue en el PP. Toma castigo tremendo. Génova da por hecho que los españoles son como ellos y que aceptan sin pestañear la corrupción. Rajoy asume la doctrina González sobre el trinque: "Dos días de titulares de periódicos y se olvida". Es verdad que la corrupción no es nueva en España, pero el Partido Popular llegó al poder como debe llegar la alternativa: comprometiéndose a dignificar la política, restaurar el prestigio de las instituciones y colocar a todos, poderosos o no, bajo el imperio de la Ley.
"De aquel PP no queda nada. Peor: queda la secular envidia al PSOE, que roba y no pide perdón"
De aquel PP no queda nada. Peor: queda la secular envidia al PSOE, que roba con fruición y no pide perdón. Claro, que hasta para matar hay que valer; y para robar hay que ensayar. El 'caso Gürtel' no demuestra una financiación ilegal del PP, cierto, pero sí algo atroz: que cuando pillan con las manos en la pasta a un dirigente del PP que le gusta al Politburó de Génova 13, lo defienden como los sociatas a sus filesios. Y si no les gusta o no lo temen se adornan a toro pasado, que es fácil.
Lo espeluznante del PPOE 'tancredil' y 'barcenero' es que ante la corrupción de la casta política, nada nuevo pero que en un año se ha convertido en la segunda preocupación de los españoles, proclama: "sin novedad"·. Y no en el Alcázar heroico, sino en la poco heroica tarea de robar al ciudadano indefenso. Rajoy, Arenas, Mato, Cospedal: enhorabuena. Ya sois como los demás. Ya os puede votar Roldán.
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