VIDAS PARALELAS
Javier Arenas / Franóis Guizot Enriqueceos
Jamás había oído una apología de la corrupción como la realizada por Arenas, que presentaba como ejemplo a una persona sobre la que pesan abrumadores indicios de haber cobrado comisiones, manejado dinero negro y de tener cuentas en paraísos fiscales.
En la Francia de 1840, la frase de Guizot podía interpretarse así: olvidaros de la política que tan nefastas consecuencias ha traído para nuestra patria y dedicaros a hacer fortuna, aunque sea de manera ilegal. Guizot, que era un liberal honesto, no sólo consentía sino que fomentaba la corrupción. Creía que si la alta burguesía se dedicaba a hacer negocios, la monarquía orleanista podría consolidarse.
Ignoro los motivos que tiene Arenas para defender contra toda evidencia a Bárcenas, pero creo que no son tan altruistas como los de Guizot. Sólo cabe pensar que tiene miedo a que el ex tesorero salpique al partido con los secretos que ha acumulado durante muchos años.
Pocos saben que Guizot fue el ministro de Educación que extendió la escuela pública por toda Francia y que logró evitar como embajador en Londres una guerra contra Gran Bretaña. Pero también es cierto que su mandato como primer ministro estuvo trufado de escándalos. Muchos de sus colaboradores participaron en negocios especulativos y otros fueron procesados por desfalco.
Arenas ha rendido muchos servicios al PP, pero fue secretario general del partido desde 1999 al 2003, las fechas en las que las empresas de Correa lograron importantes contratos en la calle Génova. Arenas tiene, pues, una responsabilidad política directa en lo sucedido, aunque él no se haya lucrado personalmente.
Sabemos que, a lo largo de esta semana, se ha producido una dura batalla en el PP entre quienes querían expulsar del partido a Bárcenas y quienes querían pactar con él. Dolores de Cospedal era partidaria de la ejemplaridad, mientras que Arenas buscaba un acuerdo amistoso. Queda claro que ha ganado el dirigente andaluz, que ha sido el puente entre Rajoy y Bárcenas.
Los aficionados a la Historia podrían ver en Cospedal la figura del clarividente Thiers, en Rajoy la de Luis Felipe, heredero de una corona por carambola, y en Arenas, la reencarnación de Guizot. Ninguno pudo evitar la debacle de un régimen socavado por la corrupción y por su incapacidad para afrontar las reformas que necesitaba Francia.
No sé si este paralelismo es forzado, pero creo que la dirección del PP puede perder también la magnífica oportunidad de ganar las elecciones de 2012 si no es capaz de transmitir la impresión de que es implacable contra la corrupción, lo que se demuestra con hechos y no con palabras que se lleva el viento.
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