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sábado, 10 de abril de 2010

Víctor de la Serna

LA POLÉMICA NACIONAL

El trance de Garzón desata un catastrofismo desmadrado

Tronante e inquietante, el juez Gómez Bermúdez salía ayer en defensa de Garzón en Radio Nacional, y se alzaba contra oscuros "ataques a la credibilidad del sistema" que ve tras ciertos cuestionamientos de las variadas decisiones judiciales que nos asaltan a diario desde las portadas de los diarios y los informativos audiovisuales. Gómez Bermúdez no tiene quejas más que de los "ataques" a su amigo o a él mismo...

De lejos es el procesamiento inminente de Garzón por Luciano Varela el que mayores discrepancias produce; en el caso del ex presidente balear Jaume Matas apenas hay alguna crítica a la enorme cuantía de la fianza, y en el alumbramiento de la trama 'Gürtel' sólo se ve la confirmación de lo filtrado a 'El País', y las críticas a los corruptos y el PP son casi unánimes. Pero lo de Garzón es lo que desencadena ferozmente el debate sobre el fundamento mismo de nuestra Justicia.

El cada día más peculiar diario 'El País' no siente empacho por mentir descaradamente sobre las causas de la acción iniciada por Varela. Editorializaba: "Garzón se sentará en el banquillo por haber intentado, no desde una teorización meramente imaginativa del derecho sino desde el ejercicio jurisdiccional que corresponde al juez penal, dar satisfacción a familiares de víctimas de la Guerra Civil y la dictadura que no aceptan como normal y acorde con el Estado democrático que sus restos sigan sin identificar en fosas comunes". Es falso, claro. Varela quiere procesarlo por saltarse la ley a la torera. Claro que 'El País' distingue, inspirándose en Garzón, entre la aburrida ley a secas y la que nace de la "justicia democrática", sin duda superior, aunque no escrita ni refrendada, a nuestro pedestre ordenamiento jurídico...

Maruja Torres, también en 'El País', escribía ("con su habitual espesura, de espesor", le espetarían luego desde 'La Gaceta') sobre la "trama contra la Justicia" y el "monstruo antidemocrático"...

Admiren, por otra parte, a Manuel Saco, tan veraz como el editorialista de 'El País' en sus comparaciones en 'Público': "La prevaricación es un atropello consistente en dictar a sabiendas una resolución injusta, como los casos sonados de Gómez de Liaño, Pascual Estevill, Santiago Raposo o Fernando Ferrín Calamita, que permanecen en la memoria de todos como abusadores en provecho propio unos, homófobos otros, o delincuentes por celos profesionales y odios personales". Tan ancho se quedaba.

Valentí Puig, en 'ABC', veía, por su parte, una perspectiva institucional y sociopolítica que le inquieta: "Es un momento institucionalmente convulso para una sociedad que anda ensimismada en una quiebra de la prosperidad, con pérdida de poder adquisitivo, evaporación de puestos de trabajo, falta de liquidez crediticia y la percepción de un horizonte poco atractivo. Ésa es la meteorología general. Las insaciables plagas de langosta y el quehacer imparable de las termitas se empeñan en el deterioro de una arquitectura institucional que ha de garantizar nada menos que la igualdad ante la ley, los derechos y las libertades".

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