Indisciplina
En un militar, la indisciplina es intolerable. En un militar, la disciplina es un ingrediente más de su honestidad. No se condecora a los indisciplinados, sea cual sea el momento, la ocasión o el motivo. Entre ellos, las cosas están muy claras. El último episodio de grave indisciplina lo cerraron los militares con condenas severísimas a sus propios compañeros. Me refiero al Golpe de Estado del 23 de febrero de 1981. Los que condenaron querían y admiraban a muchos de los condenados, pero el deber ante todo. La concesión de la Cruz al Mérito Militar a los miembros de la UMD ha sido un capricho político, ridículo e irreflexivo. Muchos años de servicio leal y constante son necesarios para ser acreedor a esa distinción. Muchos años de disciplina. En el lenguaje políticamente correcto, el conjunto de personas que comparten una profesión –y en este caso, una vocación–, recibe el nombre de «colectivo». El colectivo militar, el colectivo diplomático y el colectivo de la vaina que se le antoje al colector. Muy «progre» lo del colectivo, cuando lo militar es una institución. Y pongo en duda que haya existido en nuestra joven y mejorable democracia una institución más disciplinada y leal a los poderes públicos surgidos de las urnas que la institución militar. El colectivo que se lo guarden para los grupúsculos. Y colectivo fue la UMD, un grupúsculo dentro de una institución, que lesionó con gravedad el concepto de la disciplina. La ministra Chacón ha confundido valor y honor con cercanía política. Y ha premiado el «valor» de los miembros de la UMD con más de treinta años de retraso. Un valor que se demuestra a los treinta años, y que no es tal, resulta, como poco, sospechoso. Lo malo es que al reconocer el presumible valor de los caprichosamente condecorados se está negando el valor de los militares disciplinados, que son todos menos esa veintena. A ningún ministro de Defensa de los Gobiernos socialistas de Felipe González se le ocurrió, y tuvieron catorce años de tiempo para hacerlo, condecorar a quienes protagonizaron un acto de indisciplina. Además, que no parece ninguno de los «valerosos o valientes» indisciplinados, militares que echaron sus brillantes carreras por tierra por meter la política en los cuarteles y regimientos. No destacaron gran cosa mientras vistieron el uniforme que obliga a la disciplina y la lealtad. La indisciplina es un deshonor, y el deshonor no se premia. Podrían haber renunciado a la milicia para dedicarse a la política. No lo hicieron. Y la ministra Chacón lleva ya el suficiente tiempo cerca de los militares para haber aprendido su código moral. Lamentables condecoraciones. Lamentables por inoportunas, extemporáneas, y sobre todo, injustas. Han disgustado y herido a una gran mayoría de los miembros de las Fuerzas Armadas. Si el Gobierno, la ministra de Defensa y su secretario de Estado creen que estas personas son merecedoras de una distinción, ¿por qué militar si precisamente son protagonistas de un desprecio a la conducta de los militares? He llegado a pensar que se trata de una provocación gratuita, de un desaire a todo el admirable y disciplinado estamento militar. De no ser una provocación, habría que buscar la decisión de premiar a los «úmedos» en los más inaccesibles espacios del revanchismo político majadero.
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